08 Mar

Las aplicaciones web y el hosting: un elefante en una caja de zapatos

Imaginad este escenario, inspirado en una historia real:

Una empresa desarrolladora de software recibe un proyecto para un sitio web de vídeos online, algo del estilo de YouTube. La empresa empieza a elaborar un diseño de la aplicación y de las infraestructuras necesarias, una estimación de costes y de plazos de entrega… y entonces es cuando descubren con horror que el cliente tenía la intención de alojar la aplicación en un hosting compartido gratuito.

No, la empresa desarrolladora no éramos nosotros, menos mal.

Lo que podemos aprender de todo esto es que cada aplicación tiene su lugar y su infraestructura necesaria. Por ejemplo, el hecho de que sea técnicamente posible instalar una aplicación tan grande como Magento en un hosting compartido no significa que sea una buena idea: Magento es un software de e-commerce para tiendas realmente grandes y necesita ser alojado en un servidor que dé la talla, salvo que uno quiera tener la tienda online más lenta del mundo —y los administradores de sistemas más cabreados también.

Claro, que eso nos lleva a otra cuestión importante: en el ejemplo anterior habría que empezar por evaluar si realmente sería necesario utilizar Magento o nos bastaría con una solución más pequeña y, por tanto, que requiera menos recursos. En muchas ocasiones nos dejamos llevar por el clásico dicho «burro grande, ande o no ande» con la excusa de tener siempre lo mejor de lo mejor sin reparar en gastos, aunque a fin de cuentas no se le saque partido, y eso muchas veces puede ser no ya innecesario, sino incluso contraproducente.

Un hosting compartido es una solución limitada para usos que no requieran una gran cantidad de recursos del servidor. Un sitio web presencial, un blog sencillo como este, una tienda online pequeñita u otro tipo de aplicación web que no maneje grandes cantidades de datos sí se pueden instalar en un alojamiento web compartido como los que ofrecemos nosotros. Para cosas más grandes o que necesiten configuraciones especiales de servidor web, base de datos, entorno de ejecución y demás hay que empezar a mirar más alto.

Por ejemplo, los Servidores Virtuales Privados (VPS) son una buena solución para aplicaciones web de tamaño medio–alto o aplicaciones pequeñas que requieran configuraciones especiales. Este tipo de servidores son una opción económica y una forma de aprovechar los recursos de forma eficiente, porque no siempre hace falta todo un servidor dedicado ni gastar más de la cuenta contratando uno.

Nosotros ofrecemos de los dos tipos, por cierto, y muy buenos.

Por curiosidad: ¿tenéis más historias de terror como la que os he contado al principio del artículo? Me gustaría leerlas.

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